¿Cómo convives con tu soledad?

Hace tiempo, una noche pensaba: «en verdad estoy más sola que la una» y pensaba esto con total tranquilidad. Me sorprendió pensar esto con total tranquilidad porque en otros momento he vivido esto con mucha tristeza.Esto no significa que no me gustase estar sola, todo lo contrario, siempre me ha gustado pasar tiempo sola y hacer cosas que me gusten en soledad. Esto significa que al pensar en la soledad me removía muchísima tristeza. ¿Te ha pasado? Quédate en este artículo y te cuento.

Antes de avanzar quiero matizar que este «sentirme sola» no tiene que ver con la soledad de personas que no tienen a nadie en sus vidas y que viven estar y sentirse solas desde ese lugar tan intenso y profundo. Este «sentirme sola» tiene que ver más con la sensación de falta de afecto, falta de amor o de humanidad alrededor.

Dicho esto, quiero contarte porque vivía la soledad con mucha tristeza. Antes de empezar mi proceso de conciencia personal sentía la soledad con mucha tristeza por dos cuestiones que ahora puedo ver, reconciliarme con ellas y compartirlas por si te pueden servir y resonar.

En primer lugar, vivía la soledad desde la tristeza porque yo me estaba relacionando con mi carencia de afecto que me acompañaba desde la infancia. Los procesos de crianza son imperfectos y no podemos ofrecer lo que desconocemos así que, a muchas no nos escucharos ni acompañaron emocionalmente de pequeñas. Y esto se refleja en la relación con nosotras mismas y en los vínculos.

Y en segundo lugar, porque me costaba recoger e integrar todo ese amor que recibo de las personas aunque traigan también su carencia en ello. Esta segunda parte es interesante porque cuando estamos en la carencia nos resulta difícil ver el amor y el afecto que hay en las relaciones que hay a nuestro alrededor.

¿Te resuenan lo que te cuento? Bien, si te resuena no quiero dejarte así con esto sin más, quiero compartirte como lo resolví y reconvertí esto en algo diferente.

Todo esto cambió cuando me dí el permiso de ver mi imperfecto, asumir mi carencia y tomar acción pidiendo ayuda para cambiarlo. Porque todo esto no cambia por arte de mágica y como digo muchas veces, necesitamos que alguien nos acompañe en este camino porque es fácil limitarnos la visión, no darnos el permiso a verlo todo. Algo que me ha enseñó este proceso es que fortaleza es permitirnos pedir ayuda, no crecernos que podemos con todo.

¿Sabes por qué ahora me siento «agustera» al pensar «estoy más sola que la una»? Porque tengo la confianza en que me voy a cuidar y responsabilizar de mí, porque tengo la seguridad de que me voy a escuchar y ofrecer lo que necesito. Y para esto, estamos más solas que la una porque nadie nos lo va a ofrecer ni nos va a salvar. Y esto, es parte del trabajo que te propongo con el Proceso REConectarte: https://cuerpoemociones.com/servicios/reconectarte/ 

Si te resuena, deja tu comentario bajo del artículo.

Un abrazo, Carmen Pérez 

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