Acompañamiento consciente, ¿Para qué?

Bienvenida, he decidido empezar a escribir artículos relacionados con el acompañamiento consciente. ¿Por qué? ¿Para qué? Porque es algo nuevo y bastante desconocido, porque muchas me decís que queréis conocer más sobre esta manera de acompañar y como integrarla y sobre todo, porque siento que es realmente importante y necesaria en nuestro día a día profesional como profesionales del área educativa y social.

Así que, en este primer artículo he decidido centrar la atención en al que me preguntáis y que, posiblemente os preguntéis internamente.

¿Para qué sirve el acompañamiento consciente? Empecemos por desmontar una idea «Cualquier forma de acompañar sirve y está bien» «todo vale siempre que lo hagas buscando lo mejor para la persona (niña/o o aldulta/o)». Esto no es real, cada manera de acompañar deja su propia huella y hace que la persona que acompañamos integre la información de una u otra forma, dejamos una u otra semilla en ella y sobre todo, queda una u otra perspectiva de lo que es la persona y de lo que significa la vida en el proceso socioeducativo. Por tanto, no vale todo solo con la intención de ayuda. Con la intención de ayudar exclusivamente, consciente o inconscientemente, podemos estar dañando a la persona o creando una autoimagen y una percepción del mundo desajustada a lo que necesita y escasa de herramientas para vivir en su realidad.

 

Es inevitable condicionar a las personas que acompañamos, lo que tratamos desde el acompañamiento consciente es que ese condicionamiento facilite el proceso socioeductivo y se ajuste a las necesidades de la persona. Por tanto, ¿Qué es lo que permite el acompañamiento consciente?

Ver a la persona. Esto implica verla de una manera integral, ver cuales son sus necesidades reales y ver hasta donde nosotras/os como profesionales y personas que acompañamos podemos acompañar esto.

Generar un vínculo de confianza y expresión. Crear un espacio que facilite la expresión emocional desde la confianza lleva implícito tomar conciencia de nuestros juicios y creencias limitantes para transitarlos. Esto es algo que nos implica un proceso interno a nivel profesional y personal, una vez hecho este proceso permite que seamos un soporte, alguien en quien confiar y compartir que no limita sino recoge y ofrece lo que necesito (dentro de lo posible).

Acompañar a la persona siendo consciente de sus necesidades.Ver a la persona nos permite ver lo que necesita de verdad no lo que pensamos que es mejor, esto lleva implícito dejar de lado el rol de «salvador/a».

Acompañar desde la aceptación. Acompañar sin dejar de la lado su realidad, acompañarle a buscar formas de cuidarse dentro de su realidad. Esta es la tarea más difícil porque muchas veces las realidades familiares y sociales son difíciles. Sin embargo, no queremos «hacer como que no pasa» o «quitarle hierro al asunto» queremos acompañarle con todo, a expresar lo que siente, a contener lo que quiere, a sostener lo que necesita… porque esto permite hacer una aceptación real de lo que sucede y buscar como sentirse más cómoda/o o elegir cuidarse en su realidad. Podemos proteger al menor pero no de todo ni para siempre, lo que propongo es que desde esa protección trabajemos las brechas que quedan en la aceptación. 

Todo lo indicado anteriormente sería sencillo y fácil de aplicar si a lo largo de nuestra historia personal y educativa nos hubiesen acompañado viéndonos y atendiendo a nuestras necesidades. Sin embargo, esto nos implica un proceso de observación y revisión de aquello que nos está dificultando. Nos implica soltar juicios y creencias limitantes que no nos hacen peores simplemente nos permiten ser conscientes de lo que nos dificulta el proceso. 

He creado esta metodología como parte de un proceso que permite ser y dejar ser en el acompañamiento y sobre todo, que permite conocer esta nueva manera de acompañar más alejada del juicio y más cercana a la persona, al cuidado del vínculo y al autocuidado del profesional.

Con este artículo quiero invitarte y animarte a que recojas lo que te comparto. La intención no es generar más juicio interno sino buscar la manera de transitarlo creando así una manera de acompañar que se ajuste más a ti y a la persona que acompañas.

Deseando te sea útil.

Un saludo, Carmen Pérez

 

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