Acompañar lo que no me gusta

No siempre nos gustan las decisiones que toman otras personas, a veces porque nos están afectando y otras porque tomaríamos decisiones diferentes. Cuando hablamos de decisiones que nos afectan, donde podemos no sentir respeto o cuidado, podemos gestionar esto con los límites. Sin embargo, cuando hablamos de «yo habría decidido algo diferente», no siempre es posible ni viable poner límites porque ¿Cómo justifico que algo me está afectando si en realidad no lo está haciendo? En el vínculo socioeducativo se dan estas situaciones, la persona decide en base a su manera de entender y gestionar la vida. No siempre estamos de acuerdo porque nuestra manera de hacer y funcionar puede ser diferente y en esto, hay muchas maneras de posicionarnos.

Si decidimos recurrir a frases similares a «hazlo por mí» estamos decidiendo utilizar el vínculo para manipular la decisión de la persona y aún más, si decidimos recurrir a esta técnica no solo estamos manipulando y validando a la persona en base a nuestra escala de valores sino que esto va a condicionar sus elecciones futuras de alguna manera. Con todo la «buena intención» a veces no somos conscientes de como está afectando e influyendo en la trayectoria vital de la persona nuestra manera de acompañar y en concreto de acompañar lo que no nos gusta.

¿Te había parado a pensar esto? Hoy te invito a reflexionar sobre la importancia de acompañar conscientemente también lo que no nos gusta.El vínculo es un espejo y detrás del «no me gusta esta decisión» hay patrones nuestros, creencias, miedos, no permisos… Por esto, te invito a revisar ¿Qué hay detrás de ese no me gusta tu decisión? Esto no ayudará a diferenciar nuestra historia personal de la de la persona que acompañamos y nos pondrá más fácil la tarea de acompañar dejándote ser incluso equivocarte.

Normalmente, cuando nos molesta algo de las personas que estamos acompañando tendemos a la sobreprotección porque en algún punto la desconfianza, el miedo… nos alertan y como no sabemos gestionarlo acabamos haciendo lo que se nos enseñó «proteger para cuidar por nuestro propio miedo». Soltar el miedo es complicado, implica un proceso con nosotras/os mismo pero mantener el vínculo desde el miedo no genera confianza en las personas que acompañamos y por tanto, no permite que vivían y decidan desde la confianza.

¿Cómo influye esto en las personas que acompañas? ¿Cómo deja huella en sus vidas?

Aumenta la sensación de desconfianza a la hora de tomar una decisión y la inseguridad en el futuro. Genera la sensación de «no puedo tomar decisiones por mí mismo/a» «no tomo buenas decisiones». No permite elegir libremente y crea dependencia a la hora de decidir, necesitamos consctantemente a alguien que decida por nosotras/os mismos o que corrobore la decisión como «buena o válida».

Las personas que acompañamos confían en nosotras/os, somos personas de referencia para ellas/os, y solo el hecho de premiar o castigar los actos atendiendo a lo que nos gusta o disgusta, solo con el hecho de sentirlo se percibe porque sin darnos cuenta cambia nuestra manera de estar.

No se trata de acompañar aún no gustándote de manera forzada o porque «hay que hacerlo, es mi trabajo» sino de seguir aceptando, validando y acompañando conscientemente a la persona con todo. Se trata de estar abierta/o y disponible para acompañarte aún si no me gusta la decisión porque lo que no me gusta también es un aprendizaje para mí.

Un saludo, Carmen Pérez.

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