La alta implicación de los y las profesionales del área social y educativa.

Muchas y muchos profesionales que trabajamos en el área educativa y social vivimos y sentimos nuestros trabajos como parte de una mejora social y como parte de una mejora educativa es por esto, que nos entregamos al máximo con tal de ofrecer esos valores o esas propuestas que, tras mucha formación, muchos esfuerzos, mucho trabajo interno y en la conciencia social, sabemos que generan cambios en las personas y en la sociedad creando una sociedad más justa y saludable.
Además, nos implicamos en cuidar los procesos de las personas, ir acompañando a dar esos pasos en que permitan que la persona o el grupo vaya haciendo este tipo de procesos y vamos dando pasos como si «cocinásemos a fuego lento».

Más allá de esta implicación, que yo te agradezco porque personalmente siento que es importante para impulsar los cambios que necesitamos socialmente, hay una cuestión emocional que influye en este proceso y que puede hacer que, toda esa intencionalidad de bienestar y con ese deseo de cambio social, se convierta en un arma de doble filo, en nuestra contra y en la contra de la persona a que acompañamos.
¿A qué me refiero con esto? Al hecho de que nuestras expectativas o exigencias por conseguir esos objetivos que hemos planificado, por ver estas acciones o esta serie de cambios impregnadas en la persona y por ver que ese proceso ha tenido sentido, puedan truncar el propio proceso y que puedan truncar los propios objetivos marcados por la persona. Te hablo de la observación propia y te hablo de la capacidad de flexibilizar lo que nosotras y nosotros observamos que puede conseguir la persona con lo que la persona en realidad está dispuesta a conseguir, aunque consideremos que pudiese conseguir «algo mucho más amplio o algo mucho más grande o pudiese llegar hasta otro punto».
Te hablo de la observación propia, de como nos estamos relacionando con la persona y de qué tipo de exigencias y demandas pueden estar haciendo que nuestra actitud de ayuda cambie y que sea mucho más rígida o más demandante y que al final acabemos creando relaciones de no cuidado, que nos acercan a la dependencia o a la relación de poder y que nos acercan al punto en el que le decimos a la persona que tenemos la razón o que tenemos la clave de su propio cambio. Este hilo que te estoy contando es muy muy muy fino y bajo el paraguas de la «gran implicación» y bajo el paraguas de «con todo lo que yo estoy haciendo por ti» podemos estar cayendo en estas claves que nos colocan en un lugar de poder y que dejan de lado la parte humanizada y empática del acompañamiento.
Con todo esto, no quiero machacar tu alta implicación porque gracias a ella, las personas están haciendo ese tipo de cambio sintiéndose acompañadas, gracias a ella no estás rindiéndote ni estás desconfiando en ella, lo que si pretendo exponer delante que dentro de esa gran implicación puede haber errores de descuidado que nos acercan a las relaciones de poder.
¿Qué te propongo para revisar esto si quieres seguir en esa  de acompañamiento desde el cuidado propio y mutuo, en esa línea de humanizar la propia relación socioeducativa?
Lo primero observa desde que perspectiva, desde qué punto tú estás haciendo indicaciones o estás compartiendo o estás hablando a la persona. Observa si existe esa tensión en ti con frases mentales como «tiene que conseguir esto», «puede hacer esto», » Ya debería estar preparado para hacer»… que muestren un imperativo o exigencia.
Al hilo des esto, lo segundo que te planteo tras la observación propia es acercarte una actitud más empatía que implica entender el proceso de cambio como algo cíclico y no lineal y por supuesto, adaptarnos al mismo. Por ejemplo, hacerse cargo de su higiene, de limpieza de su habitación, toma correctamente la medicación o cualquier otro hábito o tarea, aunque sea algo que previamente ya había conseguido y ahora hay un retroceso, si nos quedamos en que es algo que «tiene que hacer por obligación o porque ya lo hacía» perdemos de vista la motivación ya que, aunque esto fuese así hay momentos en la vida en los que nos cuesta más. Las personas no somos lineales y cuando hemos conseguido algo aunque lo mantengamos hay veces que nos cuesta, por ejemplo, nos cuesta, hay semana que nos cuesta más hacer la limpieza de nuestra casa o mantener la alimentación correcta. Por tanto, los hábitos no son lineales y de ahí viene mi invitación a ver esto como un hecho no lineal y a que podamos observar cuando nos encontramos con situaciones en las que nuestra tensión, cansancio, exigencia… están traspasando e influyendo en el vínculo porque lo educativo es cíclico.
El cambio educativo se reconoce y se hace al ver que hay algo positivo en ese cambio, si yo lo que estoy viendo es una obligación entonces lo que voy a hacer si me siento muy incómoda y no siento empatía, es alejarme de ti y posiblemente ponga delante que no me estás entendiendo que no estás empatizando conmigo y cuando esto pasa y la persona y nos pone delante esto, es importante si queremos acompañar empáticamente observar y tomar conciencia que estamos haciendo nosotros y nosotras que no está permitiendo, aunque haya nuestra intencionalidad sea acercar a la persona esa ayuda o cuidado.
Que hagamos esta revisión permite que nos enfadamos con la persona por el hecho de que nos está poniendo delante algo  ya que, así se va deteriorando el vínculo, desaparece la confianza y sin confianza es muy complicado apoyarle, perdemos la posibilidad de acompañar a la persona porque nos alejamos cada vez más de ella.

Deseo este artículo te haya aportado más información y como sé que es complejo de integrar y que, hacemos lo que podemos con lo que somos y las herramientas que tenemos, te propongo acompañarte a gestionar tu alta implicación creando relaciones de acompañamiento socioeducativo de cuidado.

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Un saludo, Carmen Pérez

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