Crear relaciones educativas saludables

¿Cómo crear relaciones saludables? ¿Cómo me doy cuenta de si la relación educativa es saludable o no?

Buenos días, esta es una pregunta que las profesionales que trabajamos en el área social y/o educativa y queremos hacerlo desde una perspectiva consciente consciente y por tanto, crítica, nos solemos hacer al menos 1 vez cada tanto. Nos cuestionamos nuestra manera de estar y acompañar, testamos con compañeros/as si nuestra práctica es correcta para la persona y si se ajusta a las necesidades, momento… de la misma.

Esta revisión en ocasiones la sostenemos con mucha carga porque detrás de ese querer hacerlo lo mejor posible y ofrecerle a la persona lo mejor suele haber bastante exigencia bajo la idea de «no querer fallarle a la persona» ¿Te suena esto? Lo primero que quiero matizar en este artículo es que la idea de «vínculo saludable» no es algo rotundo, ni siquiera algo que es totalmente o no es nada sino que se trata de un proceso en el que vamos creando vínculo más saludables cuanto más conscientes somos de nuestra manera no sana de relacionarnos, de las maneras no sanas de relacionarse de las personas que acompañamos y conforme nos damos el permiso de transitar desde esa manera de vincularnos limitante que la sociedad en la que vivimos, la familia en la que coexistimos… nos ha acercado y nuestra manera de integrarla y reflejarla en las personas de nuestro entorno, también en las personas que acompañamos.

En la medida en que nos permitimos ver cual es esta manera y comenzamos a dar pasos hacia otra manera de estar y acompañar nos acercamos a que el vínculo sea más saludable sin embargo, no es algo rotundo porque es algo que está en proceso y va avanzando con nosotros/as mismos/as y con las personas que acompañamos: con los cambios que hacen, con sus necesidades, resistencias…

¿Esto significa que si estoy al principio de mi proceso mi vínculo no es saludable y no puedo ofrecer/aportar a la persona? No, para nada. Con cada paso que damos en nuestro darnos cuenta ya estamos aportando a la persona porque el propio hecho de ser conscientes de cual es nuestra manera no saludable de vincularnos ya permite aportar a la persona. Y además, no solo ofrecemos y aportamos desde la conciencia y creación del vínculo saludable, estando aún con nuestros juicios y cargas, seguimos aportando. La propuesta de crear relaciones saludables es una propuesta de mejora, de ofrecer mayor calidad y calidez en nuestro acompañamiento y por tanto, no es algo limitante ni exime otras maneras de acompañar ya que, esos recursos y herramientas que traemos de base y que vamos conociendo nos pueden seguir sirviendo incluso nos pueden permitir seguir dando pasos hacia el acompañamiento consciente.

 

Dicho esto, mi invitación es que estés en el punto en el que estés te animes a transitar hacia crear relaciones saludables con las personas que acompañas. Hacer ese proceso de revisión propia permite ubicarte desde ese lugar en el que el vínculo es el soporte de escucha, confianza, afecto, impulso, motivación … y esto desde un lugar de libertad, dando permiso sin juicios, hace que la relación se convierta en reflejo para otras relaciones en su vida diaria, hacemos de espejo para que sus relaciones y su manera de vincularse sea más saludable.

¿Cuáles son los 2 puntos de partida no saludables que cualquier profesional del área social y/o educativa puede empezar a revisarse?

Existen dos cuestiones principales que reflejamos constantemente en nuestras relaciones educativa, en ocasiones hasta inconscientemente. Te las describo a continuación para que si quieres, puedas empezar a revisarlas.

La primera es la contratransferencia. ¿Qué significa esto? En Gestalt se habla de contratransferencia para referirse a todas aquellas emociones, sensaciones, valores, necesidades y deseos propios que traspasamos a la otra persona. ¿Qué significa esto? Que en la relación educativa podemos estar traspasando a las personas que acompañamos nuestros deseos, expectativas, exigencias, nuestra valoración y validación del trabajo a las personas que acompañamos. Es más, esto lo podemos hacer sin darnos cuenta cuando marcamos un objetivo que no se cumple y nos «empeñamos» en eso sin plantearnos si puede o no asumirlo, si están en ese momento…

Y, ¿cómo nos damos cuenta? Pues observándonos a nosotros/as. Cuando esa situación te causa dolor, rabia, tristeza… Es momento de revisar que hay de ti, de tu historia, en la otra persona. Esta es una forma de empezar a darnos cuenta de que parte de contratransferencia hay en los vínculos educativos que ofrecemos.

Y la segunda es cargar con el vínculo y con la persona: Asumir excesiva responsabilidad en el vínculo, sentir que el cambio de la persona es total y absoluta responsabilidad tuya, sentir que ese cambio propuesto tiene que pasar a toda consta y de la manera que tú has planteado en tu mente o en papel, panificando tiempos y objetivos que al final son ajenos a la persona. Acompañar es asumir una gran responsabilidad, esto es importante tenerlo presente porque es lo que marca la implicación por lo que hacemos e impulsa a las personas a avanzar en sus procesos, confiar en ellas… sin embargo, hay un hilo muy fino entre impulsar, acompañar y quitar es poder y responsabilidad de cambio a la persona, acabar queriendo que el proceso sea de una forma que en ocasiones puede hacer que no «veamos a la persona», no verla con su momento, necesidades, su manera de transitar eso… Enfocar en el objetivo, los tiempo planteados… más que en la persona en sí implica que «cargamos con el vínculo» y por tanto, nos alejamos de crear relaciones saludables.

Y, ¿Cómo me acerco a las relaciones saludables? Entender y atender a aquello que está haciendo que cargue con el vínculo nos ayuda a saber qué es y desde ahí, identificar de que manera puedo acercarme a la persona desde otro lugar o ajustar los objetivos y demás demandas externas a las necesidades y posibilidades reales de la persona en ese momento. Hacer esto es complicado porque nuestro trabajo está condicionado por tiempo, objetivos… externos sin embargo, la actitud de decidir no cargar con el vínculo y ubicarnos desde otro lugar al acompañar aunque no podamos hacer cambios o ajustes en objetivos, tiempos… ya permite que la persona nos sienta más cerca y avance en su proceso de una manera más auténtica y realista, incluso avance mejor porque se siente más cómodo/a.

Darnos cuenta de esto es el primer paso para empezar a revisar cómo integrarlo y sacarlo en la medida de lo posible de nuestros acompañamientos educativos. Como te comentaba anteriormente esta manera de estar y acompañar viene atravesada por la forma de relacionarnos que nos enseñaron social, familiarmente… y es por esto que aunque queramos resulta complicado hacerlo de otras maneras.

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Un saludo, Carmen Pérez

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