Ser críticos trabajando en el área social y/o educativa

La actitud crítica social y política, la reivindicación de los derechos propio y derechos de las personas que acompañamos que, a través de nuestra posición profesional podemos acceder a cambiar, esta es una forma de comprometernos con las personas que acompañamos y con nosotras/os mismas/os.

Cuando hablo de reivindicar derechos y necesidades de la personas, me gustaría matizar que hayan sido expresadas y por tanto, los hayamos escuchado previamente, no aquello que se nos ocurre o nos sugiere que necesitan en base a nuestra propia experiencia ya que, esto nos ubica en un lugar todavía más vertical. Aunque, el hecho de tener que hablar por las personas que acompañamos por su situaciones de vulnerabilidad, precariedad y exclusión, en mi opinión, está por revisar ya que, el modelo social en el que vivimos no facilita la expresión de las personas pobres y el hecho de apropiarnos de su discurso para hacer de «puentes» ya genera relaciones verticales en sí, eso unido a la manera de vincularnos, las vivencias vitales… Este es un tema que implica una constante revisión para que desde la actitud de acompañar y facilitar no lleguemos a ampliar la verticalidad del vínculo.

Primero quiero hablarte de la realidad que observo desde 2008 que trabajo como Educadora Social, cada vez es más visible, la capitalización y recorte de presupuestos en educación y en acción social. En ocasiones, sorprende y enfada esto pero es parte del sistema capitalista, si no hay dinero donde menos se va a apostar es el educación y social porque no van a traer grandes capitales a corto plazo y porque, aunque nos cuentan, que la vida de las personas importa siempre y cuando sean productivas y se puedan capitalizar, hay interés por la mano de obra y por las vidas enfocadas plenamente en el trabajo y esto, es diferente a importar la vida de las personas.

En segundo lugar, quiero hablarte de las subvenciones. Desde 2008 cada vez hay más subvenciones gestionadas por bancos y cajas haciendo en muchas ocasiones, que las administraciones públicas no asuman subvenciones que antes asumían (recortando presupuestos, resolviendo más tarde…) . Es una realidad que bancos y cajas están obligadas a aportar socialmente pero, ¿Te has dado cuenta de que el interés de estas subvenciones es diferente y la manera de enfocar estos programas también? ¿Has visto que los objetivos y resultados que te proponen están bastante lejos de una atención de calidad a las personas ateniendo sus necesidades reales? ¿Has visto o vivido profesionalmente las atenciones cortas, la selección de usuarios limitando mucho el perfil, has visto como se centran en un modelo de inserción basado en la producción y quien no puede asumirlo se queda fuera…?

Estas y otras prácticas nos ubican ante una realidad que no solo deja a personas fuera de proyectos sociales sino que aumenta la sensación culpabilidad, disminuye sus posibilidades y limita el concepto de inserción a un modelo capitalista y hegemónico que por momentos asusta porque está integrado en la sociedad. Una población con una baja autoestima es más moldeable, manipulable y por esto, siento que hay un compromiso profesional muy potente en los y las profesionales sociales y educativos porque la sociedad que buscamos es una sociedad empoderante y empoderada donde las personas puedan vivir dignamente y avanzar en sus vidas en base a lo que quieran y necesiten. Las vidas pertenecen a las personas y reivindicar que los programas sean por y para las personas, y por esta razón considero que la actitud crítica es parte de nuestro compromiso socioeducativo.

Como profesionales que participamos en proyectos que funcionan con recursos públicos a veces asumimos lo que viene, decidimos callarnos  e ir creando cambios por si nos quitan la subvención. Quiero compartir contigo un ejemplo que me hace reflexionar, hace 10 años aproximadamente los programas de tratamiento de drogodependencias duraban 1 año, ahora duren 3 meses, nos lo venden como una apuesta por la prevención pero seamos realistas, apostar por la prevención no implica limitar los recursos a tratamientos, a personas adultas más vulnerables cuyo proceso es mantener su salud y calidad de vida dentro de sus posibilidades. Es muy duro pero esto no se ve como algo que pueda dar un beneficio social en un futuro porque la prevención puede hacer que haya menos tratamientos en un futuro, más salud en la población y por supuesto, ahorrar dinero pero ¿Las vidas de personas vulnerables en edad adulta y con una salud deteriorada no importan? Algunas de esas personas quieren vivir de una manera diferente, tienen familias, quieren vivir sus últimos años de otra manera y si han tomado la decisión de crear cambios en sus vida se merecen siempre una vida y una muerte digna y dignificada.

Además, he escuchado en varias ocasiones frases como «los profesionales del área social no se lo curran lo suficiente, no saben hacerlo…» Estas frases que vienen desde fuera, de personas que no son profesionales del área social y por tanto, no entienden los procesos de las personas. Esto más allá de lo que no toca y mueve a nivel profesional, a mí de nuevo me indica que el modelo capitalista pretende productivizar los cambios y procesos de las personas creando así, una manera de acompañar desde los objetivos donde el vínculo, lo que está sucediendo a la personas, las emociones… quedan en un segundo plano. ¿Es el modelo socioeducativo que queremos?

En este artículo he tratado de plasmar una realidad que nos está atravesando y si te apetece, deja tu comentario compartiendo lo que sientas: ¿Qué opinas de esta realidad? ¿Qué estás haciendo para tratar de dignificar los derechos sociales? ¿De qué manera ves que hay cambios en los enfoques de las subvenciones y cómo esto obliga a cambiar el enfoque socioeducativo (limitando tiempo, acompañamiento…)? ¿Qué estás manteniendo en tu acompañamiento socioeducativo a pesar de esta realidad? ¿Estamos teniendo una actitud crítica y reivindicando que las subvenciones se ajusten a los modelos educativos afines a las personas?

Un saludo, Carmen Pérez.

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