¿Vivir el conflicto como oportunidad?

Asociamos la palabra conflicto a agotamiento, pelea, mala gestión de las emociones no aceptadas, tensión, dolor, malestar… Estas fueron alguna de las respuestas cuando pregunté en redes sociales ¿Qué te viene a la mente cuando escuchar la palabra conflicto? Y es que, la asociación que tenemos del concepto en sí está vinculada a las vivencias que hemos tenido cuando nos hemos encontrado con un conflicto.

Teniendo en cuenta esta relación de conflicto con las palabras, emociones y sensaciones anteriormente nombradas, no sorprende que la respuesta ante un conflicto sea alejarnos, intentar calmarlo o rebajarlo… Es natural esta reacción para protegernos porque no queremos crearnos más dolor, más malestar o herida ni ahondar más en la llaga sin embargo, ninguna de estas reacciones va a permitir que ese conflicto implique una oportunidad o espacio donde escucharnos, un espacio para atender nuestras necesidades y las necesidades del propio vínculo.

¿Habías escuchado hablar antes del conflicto como oportunidad? ¿Has escuchado esto de entender y atender nuestras necesidades y las necesidades del propio vínculo? Si no lo has escuchado antes o si al escuchar hablar de esto te resulta «ajeno o difícil de hacer», sigue leyendo este artículo que te aseguro que te traerá claridad.

Cualquier conflicto lleva implícito necesidades de las personas y necesidades del propio vínculo. ¿Qué significa esto? Que para ver el conflicto como oportunidad de entendimiento, de aprendizaje y como espacio para tomar decisiones que necesitemos en ese momento es importante no verlo solamente como necesidades tuyas o mías sino necesidades de eso que creamos entre ambas partes y que se llama vínculo o relación. ¿Por qué? Porque el vínculo no nos pertenece, no es algo que se forma y que podamos repartir en sí, tampoco es algo estático sino que es algo que se crea.

El vínculo está y se mantiene de diferentes maneras ateniendo a como cada una de las parte va aprendiendo en su proceso vital y por tanto, en cada momento va cambiando y en cada momento de cambio pueden surgir conflicto que no son más que, señales que nos indican que eso que hasta el momento nos servía, esa manera de relacionarnos ya ha llegado a su punto tope y necesita un cambio.

¿Un cambio para qué? Para seguir sintiendo que esa relación o vínculo nos está sirviendo y cuidando en este nuevo momento en el que estamos ambas partes, nuevo momento que suele venir acompañado de una serie de decisiones, vivencias, experiencias… que han hecho que lleguemos ahí así que, el conflicto no es algo aislado, es parte de un proceso.

No siempre podemos ni sabemos vivir el conflicto como oportunidad. ¿Qué necesitamos para vivirlo desde este lugar? 

  • Entender y atender las necesidades propias.
  • Entender las necesidades mutuas, para que el conflicto sea una oportunidad esto necesita a verse desde ambas partes porque si solo se ve desde una parte no habrá equilibrio y por tanto, estaremos cargando con el propio conflicto de nuevo.
  • Saber que queremos/deseamos de ese vínculo o relación.
  • Llegar a un acuerdo en esos deseos y acordar como queremos estar, cual es la mejor manera de cuidarnos ahora. A veces idealizamos una manera de estar, pensamos en relaciones para siempre y estáticas y quedarnos ahí nos hace daño. Darnos permiso a ver que manera de estar nos ayuda a respirar, nos resulta más cómoda aunque no sea lo que «pensábamos o esperábamos» que pasase.

Fíjate que lo primero que te propongo que necesitas es entenderte y atenderte. Entendernos desde un lugar de cuidado, sin juicio y sin dejar de ver a la otra parte, vernos desde la empatía y desde las necesidades propias y mutuas implica desaprender nuestra manera de relacionarnos en la vida y para esto, necesitamos el acompañamiento.

Entendernos permite no entrar en conflictos destructivos como por ejemplo, cuando no hay una comunicación cuidadosa o una de las partes no está abierta al entendimiento. Vivir el conflicto como oportunidad permite que nuestras relaciones sean más cuidadosas, que nos podamos vincular desde la comodidad y confianza y que, no necesitemos sostener constantemente la carga de relacionarnos ni de cómo nos relacionamos, cómo no… Hablo del juicio y la carga mental que dificultan e impiden que vivamos desde la comodidad nuestro día a día.

¿Quieres que te acompañe en este proceso para vivir el conflicto como oportunidad de aprendizaje y cuidados?

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Un saludo, Carmen Pérez

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